Hace más de treinta años que nos iniciamos en
la producción y venta de
plantas, aunque muy recientemente nos establecimos en nuestro
actual domicilio: Piedras 334, entre la Avda.
Belgrano y Moreno.
Durante este lapso, nuestra trayectoria se afianzó
y hemos logrado aunar esfuerzos para mantener y acrecentar
la firma que hoy se distingue en el
barrio Montserrat, con la gerencia de quien continúa
la misma brecha familiar. Nuestra comunidad laboral siempre
ha contado con empleados solícitos y responsables en
la tarea de atender esta foresta urbana que ofrecemos.
El nombre de nuestra casa comercial - La Florida
- hace referencia a los intrínsecos productos con los
que trabajamos y también a la popular calle peatonal
de la ciudad de Buenos Aires, que se encuentra a escasos metros
de distancia del lugar donde estamos.
Nuestra actividad nos conecta con elementos primordiales
de la vida:
la tierra, el aire y el agua. El resultado nos trae los inefables
bienes de
la fragancia efímera de las flores. Desde la oscuridad
de sus raíces se
elevan con esplendor, más allá de la superficie
del terreno. Se extinguen
y renuevan incesantemente. Un ritual con el que nos otorgan
un exclusivo
tributo vegetal; sencillos testimonios de fragilidad y constancia
vital.
Las flores ejemplifican, por sí mismas, la espiritualidad
y la corpórea
materialidad de nuestra existencia. Ellas nos facilitan la
lectura del ciclo
natural que nos gobierna, a la vez que intervienen en los
muy benéficos
diálogos espontáneos de nuestro existir en el
mundo.
Siempre accesibles para quien sea; silvestres, o particularmente
cuidadas,
exigen muy poco para lo mucho que dan. Y si bien existen algunas
especies perniciosas, sus bondades generales superan nuestras
expectativas.
Su utilización medicinal son pruebas más que
suficientes. Y naturalmente,
con su color, forma y perfume suman atributos tan vitales
como el oxígeno
que expanden al aire libre.
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